MADRID, 17 de septiembre. (PRENSA EUROPA) –

Los niños aprenden median la observación y la experimentación, y también de lo que escuchan de otras personas, especialmente de los adultos y las figuras de autoridad, como sus padres y profesores. Cuando aprenden algo sorprendente, buscan información adicional haciendo preguntas o poniedo a prueba las afirmaciones.

Investigaciones previas demuestran que el hecho de que los niños exploren las declaraciones sorprendentes de los adultos varía según la edad, siendo más probable que los niños mayores de seis años busquen información adicional que los niños de cuatro y cinco años.

Sin embargo, la investigación sobre los motivos por los que los niños buscan información cuando los adultos les dicen algo sorprendente es limitada. Ahora, un nuevo estudio publicado en ‘Child Development’ por investigadores de la Universidad de Toronto y la Universidad de Harvard (Estados Unidos) pretende dar respuesta a esta pregunta.

“La investigación muestra que, a medida que los niños crecen, se vuelven más escépticos sobre lo que dicen los adultos”, explica Samantha Cottrell, miembro principal del Laboratorio de Aprendizaje y Desarrollo Infantil (ChiLD) de la Universidad de Toronto (Canadá), “lo que explica que los niños mayores old más propensos a intentar verificar las afirmaciones y old más intentinados en su exploración de los objetos».

A través de dos estudios prerregistrados, los investigação se propusieron aclarar si los niños exploran afirmaciones surpandantes y por qué. En el primer estudio, que se realizó de forma presencial entre septiembre de 2019 y marzo de 2020, se reclutaron 109 niños de entre cuatro y seis años del área metropolitana de Toronto.

Los padres de 108 de los 109 niños informaron el origen étnico de su hijo: el 49 por ciento describió a su hijo como blanco, el 21 por ciento lo describió como étnico o mestizo y el 19 por ciento lo describió como del sudeste asiático.

Casi todos los padres respondieron a las preguntas sobre su nivel educativo: el 18 por ciento de los niños tenían padres que no asistían a la universidad, el 34 por ciento tenía un padre que asistía a la universidad y el 48 por ciento tenía dos padres que habían asistido a la universidad.

A los niños se les presentó tres objetos familiares: una piedra, un trozo de material esponjoso y un saco de arena. Uno de los autores del estudio comenzó preguntando a los niños: «¿Crees que esta roca es dura o blanda?». Todos los niños afirmaron que la roca era dura.

Then, se asignó al azar a los niños para que se les dijera algo que contradecía sus creencias sobre el mundo («En realidad, esta roca es blanda, no dura») o se les dijera algo que confirmaba su intuición («Así es, esta roca es dura»).

Tras estas afirmaciones, se volvoí a preguntar a todos los niños: «Entonces, ¿crees que esta roca es dura o blanda?». Casi todos los niños que escucharon afirmaciones que se alinearon con sus creencias siguieron emitiendo el mismo juicio que antes: que la roca era dura.

En cambio, pocos de los niños a los que se les dijo que la roca era blanda siguieron haciendo el mismo juicio que antes. A continuación, el investigador les dijo a los niños que tenían que salir de la habitación para hacer una llamada telefónica y dejar que los niños exploraran el objeto para su beneficio. El comportamiento de los niños fue grabado en video.

Así, el estudio descubrió que la mayoría de los niños, independientemente de su edad, se dedicaban a probar afirmaciones sorprendentes. Los autores plantearon la hipótesis de que las diferencias de edad en la exploración de afirmaciones sorprendentes por parte de los niños podrían reflejar la evolución de su capacidad de utilizar la exploración con el objetivo de testear afirmaciones más complejas.

También puede ser que, a medida que aumenta la edad, cambie la motivación detrás de la exploración de los niños, porque los niños más pequeños exploran porque creen en lo que han dicho y quieren ver el evento sorprendente, y los niños mayores, en cambio, exploran porque son escépticos de lo que se les ha dicho.

En el segundo estudio, realizado entre septiembre y diciembre de 2020, se reclutaron 154 niños de 4 a 7 años de la misma zona que en el primer estudio. Los padres de 132 de los 154 niños declararon que su etnia era 50 por cento blanca, 20 por cento de etnia o raza mixta y 17 por cento del Sudeste asiatico.

Casi todos los padres respondieron a sus preguntas sobre su nivel de estudios: el 20 por ciento de los niños tenían padres que no habían asistido a la universidad, el 35 por ciento tenía un padre que había asistido a la universidad y el 45 por ciento tenía dos padres que habían asistido a un la universidad.

A través de una videollamada, un investigador compartió su pantalla y prendista a cada niño participante ocho viñetas. En cada viñeta, se decía a los niños que el adulto hacía una affiración sorprendida (por ejemplo, «La roca es blanda» o «La esponja es más dura que la roca») y se les preguntaba qué debía hacer otro niño en respuesta a esa afirmación y por qué debería hacerlo.

Los resultados indican que los niños mayores (de seis y siete años) eran más propensos que los pequeños a sugerir una estrategia de exploración adaptada a la afirmación que habían escuchado (es decir, tocar la roca en el primer ejemplo, pero tocar la roca y la esponja en el segundo).

Los resultados también muestran que, a medida que aumenta la edad, los niños justifican cada vez que la exploración como medio para verificar la suprisente afirmación del adulto. A medida que crecen, incluso cuando son igualmente propensos a participar en la exploración de afirmaciones superpuestas, se vuelven más conscientes de sus dudas sobre lo que los adultos les dicen y, como resultado, su exploración se vuelve más intencional, específica y eficiente.

«Todavía hay muchas cosas que no sabemos», afirmó Samuel Ronfard, profesor adjunto de la Universidad de Toronto y director del Laboratorio de Aprendizaje y Desarrollo Infantil (ChiLD). «Pero lo que está claro es que los niños no se creen todo lo que se les dice. Piensan en lo que se les ha dicho y, si son escépticos, buscan información adicional que pueda confirmarlo o desconfirmarlo».

Fuente

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.