Las hormonas son el pegamento perfecto entre deportistas y seguidores. Los triunfos o fracasos de los campeones se viven por su público como propios. Las repercusiones del láser en la neuroquímica cerebral de ambos, activan las mismas hormonas y provocan idénticas emociones.

Esta es la “comunión” de hormonas, como las deportistas y público, entra también en juego el sentido de tribu que todos los seres humanos llevamos en el ADN.

Las claves de esta realidad tan universal, nos las da David Bueno y Torrens es profesor e investigador del Seciomón de Genética Biomédica, Evolutiva y del Desarrollo y director de la Cátedra de Neuroeducación de la universidad de barcelona.

Deacondo con el researador, durante una competición deportiva, los jugadores experimentarán cambios en los niveles sanguíneos de testosterona y de otros andrógenos.

Ambas hormonas suelen ser más abundantes en los hombres que en las mujeres, pero están presentes en ambos sexos y “aparte de regulares algunas funciones reproductoras y de la conducta sexual, desempeñan un papel importante en la modulación de la agresión”.

Antes de la competición se produce un ligero incremento de estas hormonas y paralelamente también se ven afectados los sistemas neurohormonales del estrés.

Hormonas, el cortisol de los deportistas

Principalmente las hormonas del cortisol, que es lo mismo que el estro y que en deportistas de élite se ha observado que tenemos una masa más si la media de la población.

Estos niveles más bajos de cortisol son, marcan “un factor diferencial, no solo es saber jugar bien, o estar muy bien trastornado. El control de los partidos es fundamental”.

Si el jugador o jugadora o el equipo gana un encuentro, aumenta sus niveles de serotonina, un neurotransmisor muy relacionado con el control de las emociones, que en el caso de victoria juega a favor de la euforia y/o la autoestima.

Pero lo más interesante, refiere David Bueno, es que los seguidores de los deportistas tienen una respuesta neurohormonal muy parecida, aunque de menor intensidad.

Todo ello se acompaña de modificaciones en la activación de determinadas áreas cerebrales: en la amígdala, responsable de los estados emocionales y conectada con la corteza prefrontal, que regula emociones y sentimientos.

Y también aparece en este baile el cuerpo estriado, encargado de las sensaciones de recompensa.

FOTO EFE/EPA Martín Divisek

Neurohormonas y tribu

Además y de forma paralela, entra en juego el sentido de pertenencia a la tribu.

“Como especie biológica, somos una especie tribal, hay personas que no terminan de entenderlo, porque asocian el término a grupos humanos primitivos, pero desde el punto de vista de la neuro psicología significa que tenemos tendencia a arroparnos entre partotros nos un grupo y esta necesidad viene ya de chimpancés”.

“Lo llevamos en el adn, no lo podemos evitar y cuando un bebe nace, lo primero que hace es identificar a los de sus alrededores, y en pocos días son para el recién nacido los mas confiables, a los demás se les mira con cierto recelo, por si acaso”

En el ser humano de hoy, las tribus pueden ser las naciones, la lengua propia materna, la religión, la ideología, el barrio, las aficiones y claro está los equipos o deportistas favoritos.

“De hecho, tanto los deportistas de élite, como Rafa Nadal, y equipos deportivos, como por ejemplo los de fútbol, ​​o los jugadores olímpicos, suelen identificarse a menudo con una nación o comunidad, y promueven la pertenencia a un grupo” .

Y aquí llega el pegamento, si ganan, ganan ellos y también se sienten ganadores sus seguidores, es una victoria de la tribu en la que la testosterona y la serotonina aumentan a la vez en los jugadores y sus seguidores. Eso les produce emociones satisfactorias compartidas, tanto de euforia como de autoestima.

Y si pierden, pues está servido para unos y para otros el bajón de testosterona y de serotonina, y un estado de animo, no precisamente alegre, y también compartido.

Los sentimientos de pertenencia a una tribu están pues muy ligados a las emociones y de ahí lo importante que es conocerlo para que no se conviertan en un arma peligrosa con la que se mueven voluntades.

Apunta David Bueno que con mucha facilidad se establece la regla de la doble moral.

“Está claro que al poco tiempo de sentirse parte de un grupo, se este del tipo que sea, el cerebro lo que hace es valorar a las personas de tu grupo como las mejores, más confiables, incluso físicamente más guapas, ya los otros menos fiables, menos colaboradores… y ahí nacen los estereotipos entre países, barrios, equipos…..

Lo importante, añade, es saber racionalizarlo para disminuirlo…. es una arma de doble filo: “por un lado permite que seamos parte de algo y que sintamos que formamos parte de es algo, pero por otro lado es fácilmente manipulable, porque las emociones no son racionales…”

El investigador pone como ejemplo lo que está sucediendo en Rusia con la propaganda oficial anti Ucrania.

La lengua, es otro ejemplo de conflicto cunado se utiliza como arma contra una población también que habla un idioma distinto.

Y la realidad es que la lengua materna, la que aprendemos desde niños está muy vinculada a las emociones, cosa que no ocurre con las aprendidas posteriormente.

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