Covid y resiliencia. Todos hemos transitado por un desafío planetario inimaginable, una pandemia mundial que nos empujó de la noche a la mañana a activar lo mejor de nosotros y el fútbol a la luz de nuestra “resiliencia”, es decir, el conjunto de habilidades para mantenernos fuertes en condiciones de cambio y de gran estres.

Después de estos dos extenuantes y largos años, seguimos estando subitodos a los coletazos de un virus que se niega a desaparecer. Sin embargo, la situación actual del Covid19 adquiere un carácter menos dramático y amenazante gracias a la existencia de importantes recursos sanitarios.

Inauguramos un tiempo nuevo, preñado de reflexiones y validos aprendizajes, siempre útiles, de cara a nuestro futuro como seres humanos y como especie.

La psicóloga Raquel Tomé/Foto cedida

El psicólogo David Pollay enfatiza por qué es tan importante que tomemos conciencia cabal de lo vivido y dice: «Cada vez que pensamos en los logros más relevantes que hemos alcanzado en la vida y tomamos nota de las fortalezas que ponemos en práctica inauguramos un patrón vital para futuras ocasiones”.

Los profesionales que garantizan la alimentación y los productos básicos

Para extraer ese valioso tesoro de conocimiento, ponemos el foco de atención en el conjunto de profesiones esenciales y en concreto, en aquellos trabajadores estforzados tanto de la cadena alimentaria como del consumo que con su herculeo esfuerzo y dedicación se delgaron a la tarea de suministro a los demás de alimentos y otros productos.

Trabajaron en condicions duras y ariesgaron su seguridad personal y familiar mientras los demás permanecieran arropados en la seguridad del hogar.

Todos recordamos el dramático comienzo de la pandemia, cuando la población, impulsada por el pánico y dispuesta a encerrarse en sus casas frente a un nuevo enemigo, desconcertante e invisible, realizó compras masivas que provocaron el desabastecimiento generalizado de ciertos productos. En tanto, el gobierno y las autoridades llamaron a la calma y garantizaron el abastecimiento de productos básicos.

Entonces sólo podíamos salir a la calle para comprar ciertas cosas o acudir al hospital. Hemos hablado con tres de sus protagonistas: Juan Carlos San Cayo, carnicero, Cristina Ripoll, frutera y José Luis Prieto, quiosqueroquienes nos desvelaron los recursos y habilidades que pusieron en marcha para estabilizar positivos y funcionales en ese escenario espectral.

inteligencia de enjambre

Emplearon todos ellos una cierta «inteligencia de enjambre».

Pese a disponer cada sector de un programa específico, todos compartieron información con el resto para poder adaptarse lo más rápido y responder a una escala. Todos operaron al unísono.

Covid y resiliencia desde una carnicería

Juan Carlos San Cayo, carnicero/Foto de Raquel Tomé

Juan Carlos San Cayo trabaja desde los 14 años al frente del negocio familiar de carnicerías «San Cayo» ubicadas en el barrio madrileño de Ciudad Lineal, uno de los más densamente poblados de la capital.

Desgrana sus vivencias teñidas de una mezcolanza de jirones de angustia al rememorar los difficiles momentos pasados ​​​​y la sensación de strangeñez ante lo vido cuando, por aquel entonces, conducía en solitario por la arteria de la Castellana en un spectral and desert Madrid where the los semáforos estaban cambiando solo carentes de tráfico que ordenar, pero también le embarga la íntima satisfacción de haber superado una situación difícil, repleto de aprendizajes y gratitud.

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«Ya dos días antes de que el gobierno decretara el estado de alarma y ante el cariz preocupante de los acontecimientos comenzamos a trabajar con mascarilla. Se oía en el sector las normas que se iban a implementar. Acondicionamos la tienda y fixamos la distancia de 1,5 metros de seguridad. Proveernos de guantes fue muy dificil. El precio de la caja pasó de 6 a 32 euros por la carestía.

Al principio, fue todo muy difícil porque no contábamos con la logística para tanta demanda y estábamos desbordados. Supuso un desafío enorme a nivel organizativo. Teníamos una logística para 40 y la demanda creció a 80. Vimos que había mucha compra compulsiva y uso el mor de quedarnos sin producto, pero en Madrid nunca hubo desabastecimiento. Las televisiones iban a las clasicas estanterias vacias y era mentira porque al dia siguiente se reponian. Lo único que pasó es que se vendió el remanente de los almacenes, pero los mataderos, siempre han funcionado con el mismo límite de capacidad. Trabajaron con normalidad y nunca se rompió la cadena de suministro. Los trasportistas hicieron un esfuerzo tremendo.

En mi caso, mi hija me úpado a reorganizarnos, adaptarnos ya asumir que aprovechar que enfocarlo de otra manera. Así que establecimos un listado y nos esforzamos en dar servicio a todas las personas incluidas en distintos puntos de Madrid. A veces, incluso lo hacíamos casi gratis porque el import del porte era mayor de lo que se ganaba. Otros, los mayores nos llamaban y nos pedían si podíamos subirles 3 ó 4 litros de leche o lo que fuera. El concepto era que había que ser solidario.

En el trato con los clientes tuvenon también que se adaptaron. Hacían cola en la calle y era algo llamativo, no estaban acostumbrados. Todos estábamos tensos. Así que vieron reacciones diferentes. La gente tenia que aprender a esperar al dia siguiente. No todo era inmediato. Pero con el tiempo fueron tranquilizándose porque vieron que no faltaba el producto. Simplemente todos timoves que adaptarnos.”

Covid y resiliencia desde una frutería

Cristina Ripoll, frutera/Foto de Raquel Tomé

Cristina Ripoll es fruto del Mercado de Ventas de Madrid, y nos cuenta una experiencia muy parecida a la de Juan Carlos:

«Para nosotros, la gran preocupación y miedo era no contagiarnos, así que usar en casa una habitación para quitarnos toda la ropa cuando llegábamos del trabajo, porque no sabías como te iba a ir si cogías el virus, y vías casos de todo».

Pelearon por actuar con responsabilidad y no dejar a nadie sin atención en esas circunstancias difíciles.

«También hicimos un esfuerzo tremendo, pusimos un chico con una moto para los pedidos, que lo hizo voluntario; nosotros le pagábamos la gasolina y distribuía la fruta entre los vecinos y ellos le daban una propina. Todos trabajamos a destajo”.

Covid y resiliencia desde un kiosko de prensa

Por último «Chechu» Prieto, quiosquero, quien desde la atalaya privilegiada de su kiosko de barrio situado en el camino próximo al Centro de Salud Daroca de Madrid cuenta como fue testigo privilegiado del desastre:

«Muchos de mis clientes de toda la vida pasaban tosiendo hacia el ambulatorio y no regresaban jamás”.

El impacto de tan enorme pérdida y la conmoción aún viva de este drama colectivo con el corazón frente al espejo de la conciencia radical sobre la fragilidad de la vida:

«Chechu» Prieto, quiosquero/Foto de Raquel Tomé

«Yo también he cambiado. Ya no hago tantos planes a largo plazo. Ya me pienso la vida de otra manera porque también me puede pasar a mí, lo de morirme de la noche a la mañana. Y, ya no echo la vista tan hacia adelante, disfruto cada momento porque mañana, ¿quién sabe lo que puede ocurrir?”.

«Pero también viví cómo muchos vecinos estaban muy agradecidos y yo llevaban cervezas o comida para el aperitivo. Y, me lo dejaban ahí, detrás del kiosko-señala-Había mucha tensión, mucho miedo y sólo se vieron por la calle: ambulances, policía y coches blancos (funeraria). La verdad es que me daban mucho las gracias por levantar la persiana, porque para ellos ese ratito que bajaban a por tabaco o por el periodico pues salian a la calle y charlian. Eso era mucho porque por aquí hay mucha gente sola”.

«Mi mujer también me ayudó mucho, al principio cosía máscaras con los empapadores del perro que después dábamos aquí y aún tengo por ahí las máscaras de plastico.”

La resiliencia de quienes garantizan nuestra comida

Si resumiéramos de alguna manera las habilidades resilientes que estas personas se pusieron en marcha, hablariamos de:

  1. una aceptación obstinada de la realidad por muy dificil que esto fuera a la que habia que dar soluciones adaptativas.
  1. la capacidad de otorgar un sentido a su contribución a la hora de enfrentar la adversidad que a su vez se sustentaba en valores sólidos como:

Solidaridad

generosidad

Ayuda a los demas, el compromiso

conciencia de una interdependencia social mutual donde brilló el calor de las redes de proximidad y apoyo vecinales. El distante anonimato de la gran ciudad se quebró y muchos vecinos se conocieron y hablaron por primera vez, se preocuparon entre ellos, se miraron a los ojos e intentaron ayudarse, confortarse creando piezas musicales, etc. Tomamos conciencia de la importancia de la cercanía de un comercio de proximidad calído y cercano que favorecía la cooperación en las relaciones humanas. Todos fueron hilos de colores brillantes que tejieron un tapiz de esperanza y construyeron una roja de apoyo fuerte y resistente. Cada uno contribuyó desde su rol en la tarea común de sobreponerse a circunstancias negativas y adversarios y luchar por la supervivencia. Actuamos con «inteligencia de enjambre«.

  1. Y, por último, la creatividad e imaginación.

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