Por Raquel Tomé

En Madrid al canto de los gorriones ya no le ahogaba el ruido del tráfico ensordecedor durante el estado de alarma. La ciudad se había transformado en un escenario espectral, con calles desiertas donde antes bullía el alegre frenesí del ir y venir de la gente. Una calma tensa, rota por el sonido estridente de las ambulancias, las sirenas de la policía y los coches fúnebres que anunciaban el edificio al que había visitado la muerte.

Entretanto, un ejemplo de personal especializado de intervención en emergencias como policía, guardia civil, bomberos y unidad militar de emergencias (UME) patrullaban las calles silenciosas y atendían situaciones críticas. Eran trajahores en primera línea sometidas a excepcionales condiciones de estrés. Debían hacer frente a una enorme carga mental, física y emocional en un escenario pandémico de gran incertidumbre.

Aún perviven en mi retina las imágenes de gente embutida en sus “trajes espaciales” limpiando a conciencia las calles, desinfectando las residencias de nuestros mayores, acondicionando espacios y trasladando cuerpos para su delicado y respetuoso tratamresio militamreso tratamiento , los diligentes equipos de vacunación, la logística compleja de los hospitales, etc.

Policías, bomberos, unidad militar de emergencias

Para conocer de primera mano tu posición de mano de obra y comprobar que los clientes del mercado son muy exitosos y tienen una fuerte respuesta de cara al futuro del 2020, hablamos con dos políticas que prefieren preservar su anonimato; con Juan Saldaña, Jefe de la Sección de Personal de la UME de la base de Torrejón de Ardoz (Madrid), y con Ernolando Parra, bombero de la Comunidad de Madrid del Parque de Las Rozas.

¿¿Cómo bregaron con tantos desafíos sumidos en un panorama amenazante y sometidos al enorme desgaste de la situación?

Pensamos en los numerosos obstáculos que atraviesan. Inmersos en comienzos vacilantes de “ambigüedad de rol”Y sumidos en el desconcierto inicial, carentes de protocolos bien definidos que les explicaran qué hacer y que debieron diseñar y perfilar mientras actuaban.

La psicóloga Raquel Tomé / Foto cedida

Soportaron la pesada sobrecarga de doblar turnos mientras muchos compañeros enfermaban, otros morían. El paisaje era devastador. Your autocuidado quedó comprometido al mismo tiempo que sufrían la tensión de organizar sus familias sin saber muchas muy bien veces donde dejar a los niños o cómo cuidar a sus ancianos.

Enfrentaron el miedo al contagio propio y de sus familias en una situación donde nadie sabía muy bien cómo actuaba el virus, trabajando en ambientes contaminados, cadáveres depositados o con personas infecciosas.

A medida que los conocimientos aumentan se reforzó su protección con trajes especiales que dificultaban su movilidad y su respiración durante extenuantes jornadas de trabajo físico.

Sostuvieron situaciones de elevada carga emocional pues se ocupaban de atender incidentes críticos donde deberán simultanear la gestión de sus propias emociones con identificarse fácilmente con las víctimas.

Ellos mismos atravesaban situaciones parecidas en sus familias, pero se esforzaban en sobreponerse y dar sostén y apoyo a los demás.

Asimismo, tuvieron que sortear la angustia moral y etica por no responder conforme al estándar de atención habitual bajo circunstancias normales.

De dos muertes diarias en domicilio, a 50

Así, uno de estos policías anónimos nos relataba la tensión que experimentó coordinando y recibiendo sin cesar llamadas telefónicas de personas que acababan de perder a un familiar en su domicilio o de ancianos que fallecían en las residencias.

En el primer cuarto de Madrid, la guarnición de dos mañanas diarreicas estuvo dominada por el 50 en momentos críticos.

Nos contaba:

No se podía seguir el protocolo habitual porque los muertos se acumulaban en las casas y en las residencias y no había suficientes policías que esperaran durante largas horas a que llegara el facultativo que certificara el fallecimiento; además, las funerarias estaban tan saturadas que tardaban días en ir a recoger a los muertos. Estas llamadas eran difíciles, plagadas de intensas y dolorosas emociones, acogiendo a familias angustiadas, atendiendo a personal de residencia confusa, desbordado o en pánico que habían perdido a sus abuelos y nadie acudía y otras muchas quesa, ya en proceso personas, ya en pro porque no sabes que hacer con tu entorno familiar.”

Nuestros policías hacían lo mejor de lo posible, este nos cuenta emocionado:

Sentía impotencia y frustración por no poder dar más ayuda como en las circunstancias normales”.

Es fácil pensar, quizás porque nos resulta tranquilizador, que estas personas son invulnerables, ya que están muy entrenadas frente a circunstancias adversas y en poner en marcha los recursos psicológicos que les ayudan a sobrevivir, pero la realidad es que no son héroes y también han acusado el impacto emocional de estar sometidos a duras experiencias.

y nuestra resiliencia, que es la capacitad que tenemos las personas de positivamente frente a circunstancias adversas y traumáticas plagadas de elementos estresantes, no implica que, como ellos, no experimentemos dificultades o angustia o que nos sintamos vulnerables porque, en esencia, lo somos, y eso es algo inherente a nuestra condición humana.

Tampoco se trata de una preguntas individuales o de ciertos rasgos de personalidad que sólo unas cuantas personas poseen.

Imagen cedida del bombero Ernolando Parra

La fortaleza fluctua

Nuestra fortaleza es fluctuantes y es mucho más probable que se resienta si trabajamos en ciertos contextos.

Mantenerla fuerte depende de:

  1. La capacidad que usan los individuos e institutos para detectar cuando tenemos la capacidad del afrodisíaco ahora está superada.
  1. Contar con la posibilidad de acceder a los recursos y apoyos psicologicos adecuados para mantenernos fuertes, autónomos y funcionales.

Ernolando Parra, psicólogo y bombero del Parque de bomberos Las Rozas en Madrid, cuenta los elementos que le ayudaron a estabilizarse positivo en este contexto amenazante y de gran incertidumbre:

Me ayudo a poner atencion a la tarea. No es un momento de ir a las emociones, para eso está el después, cuando regresas al Parque y lo comentas con tus compañeros. Pero en el momento de la intervención hay que focalizar la atención plena en la tarea. Asi era muy importante para mi la confianza en el entrenamiento físico, conocer bien todos los equipamientos y confiar en mis compañeros y en el jefe de la unidad que era uno más del equipo con un liderazgo flexible. A veces nos daba órdenes y otras trabajaban como el que más. Después, si alguien tenía que hablar, los compañeros siempre te escuchan desde la cercanía y comentamos entre nosotros abiertamente las actuaciones».

«También me debe mucho el reconocimiento de la gente, cuando salías a la calle y sabías que tu labor era importante y oías como aplaudían, a mí me llegaba su ánimo y energía”añade.

Más apoyo psicológico

No pienses con un apocalipsis psíquico directo, sino reconcíliate con que ahora estás teniendo y tienes la posibilidad.

La realidad es que sus actuaciones, como Ernolando Parra o Juan Saldaña, jefe del área de personal de la UME, nos explican, se sustentan en valores como:

  • Solidaridad
  • Proteccion
  • ayuda
  • Esfuerzo
  • humildad

Porque su misión no podría realizarse sin ellos.

Valoran y reconocen que toda resiliencia individual se halla en interdependencia con pertenecer a instituciones saludables y resilientes.

Así, Juan Saldaña señala que la UME ha incorporado a su modelo de gestión conceptos que se ajustan al modelo de organización saludable. Buscan cuidar el bienestar de sus integrantes porque saben que repercuten en la calidad del servicio que prestan a la sociedad.

Para ellos la latencia y evaluar psicológicamente ocupa un lugar central y se incorporan al diseño de operaciones las con consejeros militares / as.

Su filosofía se sustenta en dotar al personal expuesto «“ de fuentes de apoyo tanto informales como formales con personal especializado que se integra en sus protocolos de actuación previo y posterior a cualquier intervención”.

Seria razonable pensar que, por el tipo de trabajo dentro de estas organizaciones, algunos militares, cuenten con recursos eficaces de ayuda psicologica.

La realidad es que no todas reflejan esta filosofia y hacerlo tímidamente repercutir en la salud mental de las personas que lo componen.

Se conjugan dos obstáculos para acudir a una psicóloga / o: que las personas sienten vergüenza, culpa o que lo viven como que “están fallando” por su identificación con el “rol de salvador”; y otra desde dentro de la propia organizacion por hallarse estigmatizada.

Tienen miedo a ser “señalados” como psicológicamente débiles y vulnerables con el riesgo de que pueda llegar a comprometer su promoción profesional.

Algunos denuncian la dolorosa realidad de la desatención a las necesidades psicológicas o emocionales.

Así, un médico facultativo del Cuerpo Nacional de la Policía que trabaja en el área de riesgos psicosociales nos confesaba también desde el anonimato:

Durante la pandemia no se hizo nada. Incluso muchas veces hay necesidades más básicas que cuesta que se tengan en cuenta a la hora de planificar los operativos. No siempre se prevén tiempos de descanso y relevo, horarios de comida o simplemente acondicionar espacios adecuados para ir al baño, desgraciadamente hay muchos Piolines”.

La psicóloga Raquel Tomé con Juan Saldaña / Foto cedida

resiliencia e instituciones

Debemos entender la interdependencia mutua. Las instituciones son un reflejo de nuestra resiliencia como individuos y como sociedad. Nos ponen crudamente frente al espejo.

Necesitamos comprender más por la crisis de suicidio de las personas o si somos psicológicamente fuertes.

Y que, ante las dificultades, lo que nos vulnerabiliza en serio es que las personas no accedamos a las ayudas adecuadas cuando las necesitamos, y las organizaciones tienen su parte de responsabilidad en ello. es es la base de toda resiliencia.

Si queremos como sociedad, como comunidad, ser bien atendidos por nuestros servicios de emergencia, también tenemos el deber de apoyarles y nos ofrecen respuestas eficaces a sus necesidades reales.

Su resiliencia es la nuestra, la de todos. Algunos de nosotros ayudamos. Se lo debemos.

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