La acondroplasia, una verruga congénita y genital congénita, se manifiesta clínicamente por una corteza eyaculatoria prolongada con extrusiones corticales y macrocefalia (tamaño mayor cabeza).

Se estima que tiene una prevalencia de entre una y tres personas de unos 100.000 habitantes, según la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER). Además, hay alrededor de 250.000 personas en el mundo con esta condición.

Aunque no existe un tratamiento curativo, su seguimiento y abordaje multidisciplinario precoz previene davie os futuros. El objetivo es mejorar la calidad de vida y el desarrollo de los niños afectados.

Aunque la baja estatura es la manifestación más evidente, la acondroplasia suele ir acompañada de diversas patologías.

Condocer esta condición es fundamental para favorecer la integración e imaginación de los afectados y dejar de lado los prejuicios.

Un cuento de hadas para explicar la acondroplasia

“El Techo del Mundo”, uno de los más bellos para adultos y adultas, concatena y concluye la información sobre la acondroplasia y la vida de quienes la padecen.

El libro, financiado por BioMarin Pharmaceutical, es el resultado de un collage en Carthusia Edizioni, la Asociación para el Desarrollo y Adquisición de Acondroplasia (AISAC OdV) y el Fondo Acondroplasia ALPE.

El proyecto comienza con un grupo de palabra, organizado por Carthusia, donde estás ahora y nuestras chicas de la red AISAC contornea su experiencia y emociones.

En “El techo del mundo”, escrito por Sabina Colloredo e ilustrado por Maco Brancato, las ardillas Tollo y Tessa, con la ayuda del señor Pardo, se aventuran a la cima del monte Everest para cumplir el deseo de Tollo de ver el mundo desde arriba.

Después de varias aventuras, al llegar a la montaña más alta del mundo, Tollo descubre que siempre hay algo más alto que la cima.

“El Techo del Mundo” (ed. Carthusia), un libro ilustrado que cuenta el día a día de los niños y niñas con acondroplasia. Imagen cedida por Fundación Alpe Acondroplasia

Abordaje precoz, la mejor prevencion

Desde el Fondo de Acondroplasia Alpe, la presidenta Carmen Alonso, explicita a EFEsalud que la acondroplasia «no es una enfermedad, aunque tiene patologías asociadas».

La acondroplasia es un osario descartable que se origina a partir de una mutación mutante del factor receptor de fibroblastos tipo 3, FGFR-3 y que alternativamente produce oceno fibroso, especialmente las lesiones laríngeas.

“En el último trimestre del embarazo, puede haber sospecha de esta condición y se confirma con una amniocentesis que confirma una displasia esquelética o por los huesos. La otra opción es al nacer porque no han medido bien o no se han atrevido al ver el diagnóstico”, apunta la experta.

Además de la talla baja suele estar muy desproporcionada, trae problemas del canal medular y del canal auditivo, problemas respiratorios, ausencia del puente nasal, problemas maxilofaciales, curvaturas de las tibias y huesos, entre otros.

Por ello, esta condición provoca una discapacidad física y motora, aunque no tienen que darse cuenta de todas estas patologías.

El presidente de este fondo comenta comenta lacesidad de “una atención temprana con estimulación, fisioterapia, logopedia y acuaterapia”. Además, existen cirugías reconstructivas para los huesos o ruptura del canal medular.

En el último año, se ha aprobado un fármaco cuyo objetivo es aumentar la velocidad de crecimiento para alcanzar una altura que permita mejorar su calidad de vida.

¿Cómo afecta la acondroplasia al día a día?

La acondroplasia, al igual que otras displasias, surge de forma importante a la autonomía, ya que necesitan herramientas específicas.

Aunque se desarrollan estrategias para mejorar su movilidad, la autonomía de los pacientes no es plena.

A nivel cognitivo, no hay impacto, pero es necesario realizar adaptaciones del material escolar y entender las consecuencias de esta condición.

Carmen Alonso matiza que si no se tienen en cuenta las adaptaciones necesarias, “puede impactar de manera negativa en el rendimiento escolar”.

Además, advierte de que las visitas continuas al médico para ser monitorizado “tienen también impacto en el día a día” del afectado.

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Extracto del libro “El Techo del Mundo”. Imagen cedida por Fundación Alpe Acondroplasia

Una condición con estigma social

Esta enfermedad está rodeada de prejuicios sociales. La dirección del Fondo Alpe Acondroplasia es lamenta de que, a lo largo de la historia, “las personas con enanismo han sido asociadas con bufones de corte, al circo de los horrores, lanzamiento del enano y más cosas”.

“Tienen una lacra social tan perpetuada que en la propia sociedad y entre sus iguales son excluidos. Parece que es la única discapacidad que está permitido reírse hoy en día. Muchas veces no los consideran como personas con discapacidad y su día a día es muy duro”, manifiesta Carmen Alonso.

“Se utilizan frases discriminatorias como enanito de circo, -añade- lo que hace que el estigma se perpetúe. Estás permanentemente señalado, observado y se ríen de ti”.

La directora lamenta que muchos padres “llevan a sus hijos a espectáculos, donde tiran a personas con enanismo por los aires”.

“Luego, los niños se han encontrado con un compañero con enanismo en clase y lo han perseguido como si sucediera toros en el patio. Este es el tipo de espectáculos que denigran a las personas con discapacidad y tiene un impacto en los adultos y niños”, recuerda.

A pesar de que hay un impacto generalizado de por vida, esto no impide que las personas con esta condición puedan vivir una vida plena.

El presidente de Alpe Fund ha opinado: “Hay mucha analgesia sentimental en todos los idiomas, incluidos los médicos” y la implicación final en las familias.

“Muchos médicos dicen a los padres que van a tener un enanito de circo porque no saben qué decir en el diagnóstico”, se queja al tiempo que asegura que se hace “un mal tratamiento sobre la palabra, el diagnóstico y la comunicación con acondroplasia en la sociedad”.

“El ser diferente no implica ser menos, sino que hay que potenciar las capacidades que tienes, complementarse y ser capaz de buscar objetivos en la vida”, concluye Carmen Alonso.

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