MADRID, 15 de agosto. (PRENSA EUROPA) –

Las instituciones religiosas acumulan en muchas ocasiones varios millones de euros de patrimonio, y se convierten en los inversores «más exigentes» en lo relacionado con el impacto que tienen sus fondos.

«Las inversiones que se realizan deben ser coherentes con el carisma y las creencias de la institución. No todo vale. Por eso vemos como las instituciones religiosas son los inversores más exigentes en cuanto al destino de sus fondos, siendo relevantes en los fondos de impacto , en los sostenibles y sociallymente responsables y los que realizan filtros para evitar inversiones en compañías cuya actividad no esté alineada con la moral cristiana”, ha explicado a Europa Press Pablo Martínez-Arrarás, socio fundador de iCapital.

Martínez-Arrarás ha señalado que los patrimonios de este tipo de institución tienen un fin sí mismos: poder atender de manera sostenible y continuada a la misión evangelizadora y aistencia de la Iglesia, con lo que que la estrategia de inversión «debe de considerar que el patrimonio tiene que atender de manera continuada y en el largo plazo a unas necesidades muy definidas».

Además, los patrimonios de la Iglesia no pertenecen a una persona física concreta que pueda tomar decisiones sobre ellos su voluntad, con lo que «deben contar con un modelo de gobierno, de toma de decisiones, que sea coherente con esta realidad, involucrando a distinto personas y órganos de gobierno, con unas directrices y limitaciones claramente definidas».

El nivel de patrimonio de estas instituciones religiosas varía según su momento vital. “No es lo mismo una gran institución con 300 años de historia y dedicada a la educación, que una institución del siglo XX, centrada en misiones en el tercer mundo o un conjunto de claustros conventuales, en el que sobreviven 45 religiosas mal vendiniendo pastas y mermeladas «, ha explicado el socio fundador de iCapital.

Una parte importante del patrimonio es realstate, si bien gran medida exige «grandes puertos económicos para su mantenimiento» y está «lejos de generar rentabilidad» en muchos de los casos, como son los lugares para el culto de poblaciones pequeñas, entre otras.

Actualmente, otras firmas como Portocolom o Altum se dedican también al asesoramiento de instituciones religiosas. Martínez-Arrarás ha señalado que estas organizaciones «necesitan profesionalizar la gestioni de este patrimonio complejo».

La responsable de inversiones e impacto de Portocolom AV, Ana Guzmán, explicó en una entrevista previa a Europa Press que la firma dio un giro estratégico para que el 100% de sus activos tuvieran «tintes» de sostenibilidad y al menos el 10% de los clientes invertir en impacto, un cambio en línea con las exigencias de sus clientes.

Guzmán anticipó que este año empezaría a tomar fuerza el aspecto social de la inversión ESG, una de las grandes preocupaciones de las instituciones religiosas, al mismo tiempo que aumentaría el impacto de la inversión a nivel nacional.

«Sí que creo que se están haciendo cosas muy bonitas en España, aunque al mercado le falta madurar», ha comentado.

La firma también ha participado en la elaboración del informe ‘Faith Impact Project’, que analiza cómo inversores de distintas religiones abordan la inversión de impacto a través de los ODS y cuáles son las temáticas de inversión, así como las exclusiones más relevantes.

Entre sus conclusiones destaca la preocupación por la violación «sistemática» de los derechos humanos, la lucha por la desigualdad, el deber de cada individuo y de toda la comunidad de garantizar que se alivie el sufrimiento de sus semejantes y que se satisfagan las necesidades básicas. todos o la degradación del medio ambiente, entre otras.

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